Hemos dicho que previamente a la verdad ha de existir una inteligencia que conozca la realidad. Según la clásica sentencia “la verdad es la adecuación del entendimiento a la realidad”. Para adentrarse en este tema convendría explicar más extensamente el concepto de verdad.

Marcos Emmanuel Pujol

Oh Emmanuel, de nuevo el tema de la verdad, tan querido por nuestro Papa Benedicto XVI. Partamos de lo más clásico, que tú apuntabas en la pregunta. La verdad es la adecuación del intelecto y la cosa. Es el conocimiento que el hombre protagoniza sobre el ser. ¿Qué es el ser, qué son los entes, qué es ese misterio de todo lo que es? Responder a estas preguntas “ontológicas” es responder sobre la verdad. Nuestro mundo post-moderno, deslumbrado por las ciencias positivas y cansado para las cuestiones intelectuales, ha renunciado a esta búsqueda de la verdad. Falta el reconocimiento de la necesidad de aventurarse para alcanzar la verdad. Como me decía un alumno, falta sentido de trascendencia de la verdad. Se vive en el cosquilleo de lo más fácilmente asequible e inminente. Pero ponerse a buscar la verdad, esto ya es para nota. Ya no se cree en la existencia de la verdad. Y los filósofos, ¿no hemos enredado un poco proyectando nuestras pretensiones sobre la verdad? ¿No hemos dificultado el acceso a la verdad? ¿No hemos contribuido al desencanto por la verdad? Debemos hacer examen de conciencia. ¿No hemos dicho demasiado rápido qué es la verdad, evitando su búsqueda, o olvidando la necesidad de confrontar cada hombre con el deber imperioso de buscarla? Perdona Emmanuel. Son tontas disquisiciones sobre el momento presente. Un día me encontré un cura mientras me dirigía a dar clases. Me dijo: “Mira, se trata de poner a los alumnos ante la verdad”. Pienso, que ese cura daba en la clave.

Vuelvo al tema. Sabes que el conocimiento verdadero se asienta sobre el conocimiento sensible, y por tanto sobre los sentidos: VER Y OIR. Conocer es ojos y oídos. Mirada y escucha. Mirada sobre la verdad de las cosas. Y escucha sobre el sentido de las cosas. Heidegger fue sensible a esta forma delicada de comprender el conocimiento humano. No se trata sólo de conocer la cosa en su verdad bruta, sino también conocer su acontecer, su impacto humano, su porqué. Se trata de una finísima ”adecuación”. Ver y oir el ser. ¿Qué es? (verdad esencial) y ¿por qué? (verdad de sentido: hermenéutica del ser: acontecer de la cosa). Conocí a un profesor que asistió a una conferencia de Heidegger. Hablaba flojo, y fino. Era un hombre sensible, poco dado a la especulación perdida por los bosques del raciocinio. Polo decía que en Heidegger se adivinan sus raíces de hombre del campo. Un contemplativo. Escuchó el ser. Decía Nietzsche que el ruido mata los pensamientos. El filósofo debe mirar y escuchar. Estar en silencio -y soledad-. Captar matices. Huyamos de la especulación. Pongo un ejemplo, Emmanuel. ¿Qué es una rosa? Uno puede irse elevando en el conocimiento. Puede llegar a componer poesía. Puede llegar a descubrir el misterio humano encerrado en una rosa. Pero hay otra cuestión más profunda. ¿Por qué esta rosa? Es una pregunta bien concreta. Y forma parte de la historia humana. Es un acontecer. Ayer, una niña de la Catequesis me regaló una rosa. Ésta es la verdad completa de la rosa. Su esencia y su acontecer.

Sin embargo, Emmanuel, la verdad no está propiamente en el ser de la rosa -es en cierto sentido intrascendente-, sino en el conocimiento del propio ser personal, y por tanto, en el conocer al sujeto personal. ¿Quién soy yo? En la obra nietzscheana Así habló Zaratustra, lo importante no son los discursos de Zaratustra, sino ¿quién eres Zaratustra? Lo importante no son las palabras de Jesús sobre el alma humana y su camino hacia la salvación, sino ¿quién eres Jesús? Es la verdad personal, es decir, el conocimiento del ser más perfecto, precisamente el ser cognoscente. La verdad soy yo. Ahora podemos entender mejor porqué Jesús habló de la verdad en el pretorio ante alguien, y porqué brotó de Pilato la pregunta por la verdad. Y porqué del silencio entre aquellos dos hombres, que todavía continúa. ¿Quién soy yo? Esto es la verdad. Pilato no quiso conocer a Jesús, renunció a la verdad, se convirtió en el padre de todos los escépticos. ¿No hemos renunciado a la verdad, es decir, a conocernos a nosotros mismos? Nietzsche gritaba: “-Llega a ser el que eres”. La verdad, Emmanuel, debe situarse en el contexto del monólogo (con uno mismo) o del diálogo (con el otro). La verdad es dialógica. Esto lo aprendí del profesor Ruiz Retegui. Era un gran hombre y un hombre muy sugerente. Es preguntarse por uno mismo.

Ignasi Fuster

SÍNTESIS

1- Hasta ahora hemos dicho que la verdad es la adecuación del intelecto a la cosa conocida, o el conocimiento que el hombre proyecta sobre el ser. Este conocimiento empieza por los sentidos, pero en el ser no se da propiamente la verdad, sino en el intelecto que conoce.

2- Añadimos que la verdad no se agota en el conocimiento de la esencia de una cosa (qué es), sino que además implica el sentido de su existencia (por qué es). Aquí radica la importancia del mirar y el escuchar, no tan solo ver y oir ( ¿algo así como una inteligencia sentiente?), captando la realidad en su integridad.

3- Dando un paso de gigante, afirmamos que la verdad es dialógica, es decir: la verdad es trascendental. De modo que no se da en relación con un ser intrascendente, sino en el conocimiento del propio ser personal, o de otro ser personal. Exige la mediación del diálogo con uno mismo o con el otro.

Marcos Emmanuel

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