Perdone que después de tanto tiempo (un gran descanso estival) vuelva al tema de la libertad y la gracia. Empezamos nuestras reflexiones hablando del deseo natural, pero creo que en nuestras últimas reflexiones sobre la libertad, con la gracia, hemos podido introducir un cierto orden sobrenatural que convendría tratar antes  de continuar.  Bien, de afirmar que la gracia proviene de Dios, y que presupone la naturaleza sin eliminarla, se deduce que la naturaleza humana en si misma tiene su propia consistencia, y aunque la gracia es necesaria en orden a la salvación, no lo es en orden a la existencia de la naturaleza humana. Luego, desde la filosofía ¿Hay que distinguir un fin natural de la libertad de un fin sobrenatural?

Marcos Emmanuel

Apreciado Emmanuel, después de un larguísimo verano volvemos a nuestras andadas filosóficas. Debo tratar de responder. Nada peor que en un diálogo, no acabar de responder a la preguntar, e irme “por los cerros de Úbeda”, como se dice coloquialmente. ¿Ha cambiado la libertad a través de los tiempos de la historia? Podemos analizar el estado de la libertad a través de tres grandes momentos históricos de la historia de la humanidad. Antes de la caída -según dogma del pecado original-; después de la caída hasta la Redención de Cristo; y tras la Redención de Cristo. Con Cristo y su redención irrumpe lo sobrenatural sobre la naturaleza humana, y por tanto, también sobre la libertad natural. Ahora bien, ¿el hecho de lo sobrenatural llega a cambiar significativamente la naturaleza y la finalidad de la libertad? -That’s the question. El primer orden, la teología lo denomina orden preternatural o de justicia original. La libertad estaría adornada por los dones preternaturales (no le alcanza ni el dolor, ni la muerte, y en cambio le alcanza la ciencia y la integridad -armonía-). Se trata de una libertad que brilla, suavemente electiva y “fácil” en su orientación -con olfato fino-. Sería una libertad complaciente. Pero irrumpe la culpa. La libertad se hace culpable. Se inaugura un estado de la naturaleza humana “caída”. Adiós a los algodonosos dones preternaturales, y la misma libertad queda herida, afectada, lastimada. Es una libertad esclava, difícil y ardua. Necesita del irascible para conseguir sus fines. Y al final, desespera: no puede evitar la deriva del mal, antes o después. Necesita liberación, como recuerda Kierkegaard y Torralba. Finalmente el orden redimido. Es el tiempo de la Iglesia. Cristo nos ha liberado. Las aguas del bautismo hacen maravillas ontológicas en nuestra libertad. Se trata de una libertad redimida, liberada, elevada. Ahora brilla con una luz más potente. Se ha profundizado. Se ha adentrado todavía más en el Misterio de Dios. Es más deportiva, ágil y capaz de proezas de amor en medio de un mundo cruel y miserable. Pablo la llama la libertad de los hijos de Dios. Sin embargo, a lo largo de las tres etapas de la historia de la salvación y sus avatares ontológicos, late una misma libertad “creada”. Será más o menos brillante, más o menos capaz, más o menos nueva, pero es la misma libertad fundamental. Ella y su orientación interior no cambian esencialmente. Su vuelo podrá volar más alto. Pero es el mismo pájaro-libertad. Subsiste el mismo misterio del espíritu libre. Lo sobrenatural no construye sobre las cenizas de lo natural, sino sobre la estructura fundamental de la naturaleza. Emmanuel, me has hecho volar muy alto. Ahora debemos volver a descender a los valles de la esencia… Ya he tocado tierra!

Ignasi Fuster

 

SÍNTESIS

La libertad creada no cambia esencialmente en su orientación, ya sea en el estado originario de justicia e integridad con los dones preternaturales, ya sea bajo la culpa, o finalmente sanada y elevada por la gracia sobrenatural. No obstante, es distinta su capacidad de realización: fácil con los dones preternaturales, difícil y hasta imposible bajo la culpa, heroica una vez redimida y liberada por la gracia que viene de Jesucristo. De este modo la gracia no suple la naturaleza, sino que la supone, la sana y la eleva.

Marcos Emmanuel

 

 

 

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