Estamos entrando en contacto con la teología, que no sigue su discurso partiendo de la razón natural sino del dato revelado. Según la razón hemos realizado un esbozo de lo que corresponde a la naturaleza humana, y hemos encontrado limitaciones insalvables respecto a la realización del bien íntegro, hasta aceptar lo que dicen los teólogos, que no se puede obrar el bien sin la gracia. ¿Del mismo modo esta limitación puede afectar a la razón, y por lo tanto al conocimiento de la verdad? ¿Puede la razón conocer por sí misma la verdad?
Apreciado Emmanuel! Hemos dejado el gran terreno antropológico de la libertad y el bien -objeto de la libertad-, para adentrarnos en el terreno antropológico del conocimiento y de la verdad -que es el objeto del conocimiento humano-. Con esto no quiero decir que ambos terrenos sean completamente extraños el uno al otro. Ambos se reclaman. De hecho Jesús los vinculó cuando sentenció: “La verdad os hará libres”. Por esto, para comprender profundamente la libertad, debemos tomarnos en serio la cuestión de la verdad. Y afirmamos: el hombre es capaz de conocer la verdad! La verdad en el sentido más amplio: desde la verdad de un minúsculo ser material hasta la verdad de la intimidad de Dios. Pero ahora, debemos entender la verdad de aquella pregunta que una vez hizo Pilato ante Jesús: ¿Quid est veritas? Pero, ¿qué es la verdad? Hoy me decía un sacerdote que hacía tiempo que daba vueltas a esta cuestión de la verdad, es decir, ¿qué es la verdad? – ¿a qué nos referimos cuando hablamos de la verdad? – ¿existe la verdad? – ¿podemos conocer toda la verdad? – ¿hay una verdad inasequible que los humanos somos incapaces de alcanzar? Sin duda, nadie duda de nuestros límites. La verdad es demasiado grande para el hombre. O el hombre es demasiado pequeño respecto a la verdad. Pero esto no quiere decir, que al igual que el hombre puede hacer el bien por sí mismo (con la potencia de la libertad) -aunque no siempre y en todo-, también puede conocer la verdad por sí mismo (con la potencia de la razón) -aunque no toda y con demasiada facilidad-. Emmanuel, ante nosotros la cuestión de la verdad. Como para Jesús, como ante Pilato… Leía esta mañana un texto significativo del filósofo español, discípulo de Ortega y Gasset, y converso al catolicismo, García Morente. Escribía en su conferencia titulada ‘La razón y la fe’: “La reflexión filosófica tiene que partir necesariamente de la idea de verdad. El filósofo, en efecto, pretende descubrir verdades y distinguirlas de los errores”. Por tanto, Emmanuel, análogamente a la libertad, afirmamos que podemos conocer la verdad por nosotros mismos, aunque “no todos, ni toda, ni del todo… ni demasiado fácil ni certeramente”. Errores, falsedades, imprecisiones, reducciones, engaños… La lucha por la verdad -como por el bien-, también experimenta la finitud. Parece que el hombre es un esforzado buscador de la verdad. Ahora bien, Emmanuel, la cuestión que se nos parece imponer, es aquella de Pilato: ¿Quid est veritas? Ciertamente Jesús permaneció en silencio. ¿Qué significa esto filosóficamente? ¿No quería el Maestro responder a esta apasionante pregunta? ¿Pensó quizás que no era el momento de afrontar tan ardua pregunta? Al parecer Cristo apuntó a la actitud personal de Pilato. Como si Pilato no tuviese la disposición adecuada para escuchar la respuesta, o que la misma pregunta no gozase de la sinceridad necesaria para ser respondida. ¿No era Pilato un escéptico, un pragmático, un hombre que huía de la verdad? De ahí el silencio… Al parecer Cristo, para desentrañar la objetividad de la verdad apunta a un sujeto, a una persona, a un cognoscente… Es una primera pista sobre la verdad. La verdad siempre se corresponde con una inteligencia, reclama un ser inteligente, es inteligencia de la realidad. Emmanuel, un ejercicio “absurdo” de imaginación. Imagina un mundo físico sin ningún espíritu inteligente. Tampoco existiría la verdad. El lugar natural de la verdad se halla entre la realidad y la inteligencia. Si te parece, Emmanuel, lo dejo aquí.
Ignasi Fuster
SINTESIS
1- El hombre es capaz de conocer la verdad por si mismo, dado que es un ser racional.
2- La verdad puede ser conocida naturalmente por la razón, aunque no toda, y aún lo que puede con dificultad.
3- La verdad existe tan solo si una inteligancia es capaz de conocer la realidad; es por eso que dice relación a un sujeto consciente que conoce. De allí la definición clásica de verdad como “adecuación del intelecto a la realidad”.
Marcos Emmanuel

2 comentarios
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junio 19, 2011 a 7:36 pm
Gemma
Interesante ese apunte del silencio, la dignidad de la verdad merece su lugar adecuado para poder darse, y a veces ella misma puede pedirnos el silencio de su expresión, qué bonito! Si nos paráramos ante muchos silencios … cuánto descubriríamos! Probablemente son mucho más inteligentes que muchas de las palabras que llegamos a decirnos … Ya sé que esto no significa que debamos renunciar a la lucha para que la verdad sea acogida, quizá ese silencio forme parte de esa misma lucha!
En fin, gracias por ayudarnos a pensar!
octubre 15, 2011 a 6:10 pm
anthropos
¡Gracias a tí por pensar con nosotros!