Bueno, siempre podemos intentar describir un caso concreto ideal. Pero mientras trataba de pensar en un caso concreto, he preferido, en lugar de la casuística, asegurarme de que este bien íntegro es realizable. Así ésta es la pregunta: ¿El hombre es capaz de realizar el bien íntegro por sí mismo? (en la síntesis del artículo anterior, en el punto tres he dejado un tema entreabierto, quizás lo dejo para una futura pregunta).

Marcos Emmanuel

Oh Emmanuel, ahora preguntas por la posibilidad misma de que el hombre pueda realizar el bien íntegro contando con sus propias fuerzas naturales -es decir, con sus deseos, sus afectos, su inteligencia y su voluntad libre-. Es una pregunta radical. Lo que plantea la ética antropológica, ¿es realizable? ¿Puedo o no puedo? Aquí se la juega la misma antropología. Dicho de otro modo. El ideal que la antropología plantea para el hombre, ¿se puede alcanzar? ¿Podemos transitar a través del camino de la ética? ¿Hasta dónde podemos llegar? La respuesta es decisiva, ya que si es imposible, parece que el vivir humano es frustrante, desesperante, nada. ¿Quién tiene mayor poder sobre el hombre, el bien o el mal? Si es el bien, cabe el hombre bueno. Si es el mal, el hombre es un ser que quisiera hacer el bien pero acaba derrotado por su propia culpa. La vida se convertiría en una lucha imposible por un bien inalcanzable. Ciertamente tremendo. Está bien que la antropología y la ética, pues, se hagan esta pregunta “mordaz”. Emmanuel, desde el punto de vista filosófico, una potencia es capaz de su acto en sí misma o intrínsecamente. La fuerza o capacidad radica en ella misma. Por tanto, la voluntad es capaz en sí misma de actos buenos en sí mismos, es decir, del bien honesto e íntegro. Aunque existencialmente las cosas son más complicadas. ¡Cuánto cuesta! La inteligencia sufre y la voluntad se queja. Hallamos una inteligencia ofuscada y una voluntad debilitada. Las potencias están heridas, caen con facilidad, les cuesta elevarse hacia el bien íntegro. Hay un misterio de mal en la naturaleza, en el alma, en las potencias, y con frecuencia se refleja en las palabras y los actos. Si lo analizamos, podemos afirmar que el sistema de las potencias humanas está “desintegrado” y se hace imposible captar y lograr la “integridad” del bien. Estamos ciegos para una mirada íntegra sobre el bien de las acciones.

Santo Tomás es de un gran realismo. Él dice, sencillamente, que el hombre no puede, no puede. Quiere, pero no puede. Su situación es dramática. En realidad, éste es un límite radical de la antropología. El hombre no puede cumplir las promesas de la antropología. La existencia humana sería la flecha de un deseo condenado a la frustración. Dios se le esconde y el bien también. Se trata de una incapacidad estructural. Se anhela la verdad y el bien con ansia, pero así como se les persigue, se nos escapan. ¿Quién puede sostener un amor verdadero siempre y en toda circunstancia, a través de toda su vida? Nadie. Santo Tomás introduce aquí con naturalidad la gracia de Cristo. Cristo acerca el bien perdido al hombre débil y desconcertado, haciéndole de nuevo capaz de una vida buena e íntegra, capacitada para realizar el bien íntegro. Los santos son los hombres y mujeres, tocados por la gracia de Cristo, y capaces de un bien grande. ¿Qué son los dones del Espíritu Santo sino una agilidad espiritual para la consecución de este Bien? Refuerzan todas las potencias en orden al bien. La antropología debe ser humilde. Reconocer su límite. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué ya no vivimos en el jardín del bien? ¿Quién puede salvar radicalmente al hombre de esta situación? Juan Pablo II respondió: Cristo es el Redentor del hombre, como recordaba en su primera y memorable encíclica Redemptor hominis. Pronto celebraremos su beatificación o santidad. Juan Pablo II demostró en su vida vivir con naturalidad el bien íntegro en medios de tormentas y tempestades. Para esto se abrió a la bondad bonificante del Hombre y Dios, Jesús de Nazaret. En este punto concreto y exacto la antropología se abre a la fe cristiana.

Ignasi Fuster

SINTESIS

1- La voluntad del hombre es capaz de realizar el bien íntegro por sí misma porque “una potencia es capaz de su acto en sí misma o intrínsecamente” (otra cosa es que esto suceda de este modo)

2- La realidad es, que por un defecto de la naturaleza, la voluntad, todo y estar orientada esencialmente a la realización del bien, no puede lograrlo. Las potencias humanas se hallan heridas o “desintegradas” estructuralmente.

3- El bien íntegro sólo es posible realizarlo por la gracia que viene de Jesucristo, Dios y hombre verdadero.

Marcos Emmanuel

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